Verano

Camino cerca del cielo
cuando veo tu mirada,
tu risa ni te imaginas,
tu cuerpo me sobresalta.
Mujer que hueles a hierba,
al rocío de mañana
en la alameda de un pueblo
de la estepa castellana.

Mujer
de aquellos primeros sueños
en la inocencia de un niño,
en un tiempo de verano,
de besos y de rubores,
de cines y de verbenas,
de poesías y canciones.

Los sueños y la inocencia
de esos tiempos soleados
con sus versos y sus letras
que se pierden de un plumazo.

Y al perderse, caminamos
poniendo los pies en el suelo,
perdiendo aquella inocencia,
sin que aparezcan los sueños,
las canciones, la poesía,
los instantes temblorosos.

Luego, como cura,
aparece el intelectual
con camuflajes externos
y tristezas simuladas.

Mujer,
¿dónde paras?
hace tiempo que te busco.
– No es verdad.

Escucha,
cuando a veces pienso en ti
es porque siento el verano.
En mi cabeza volátil,
aún siendo mis sentires breves,
tú siempre estás,
tú, mujer, siempre apareces.

Camino cerca del cielo
cuando veo tu mirada,
tu sonrisa me enamora,
tu cuerpo me sobresalta
porque desde que te vi
mi sentir siempre fue claro,
y mi tiempo, y mi estación
siempre fue la del verano.

 

23 de agosto de 2018

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de Alberto Blanco González Publicado en Amor, Poesía

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