Mujeres, esposas y otras

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Cuidado que es difícil entenderse con las mujeres.

No creo que sea una persona machista. No tengo la más mínima duda de la igualdad que debe existir entre hombres y mujeres. No estoy a favor de las discriminaciones de ningún tipo. Todos somos seres humanos, personas, aunque algunas, con independencia de su raza, sexo, religión, etc.,  sean mejores y otras peores, e incluso algunos resulten despreciables.

Pero salvando esto, supongo que alguien pensará que son opiniones machistas. Estoy convencido que los “felices esposos” con más de diez años de matrimonio no van a pensarlo. Al menos en la mayoría de los casos. Siempre habrá alguna escepción que confirme la regla, de lo cual me alegro y, les felicito por tener esa fortuna.

Quizá estos comentarios no sean inherentes a las mujeres en general. Quizá sean inherentes al ser humano, tanto hombres como mujeres. No sé, pero lo que es cierto, es que es complicado entender y, quizá por eso, complacer a una mujer. Siempre existe algún detalle que las ofende. Su entendimiento creo que es distinto al del hombre. Digo distinto, sólo eso. Y por eso creo que no las podemos entender.

Aún reconociendo que, en la mayor parte de los casos, el hombre no hace nada, o hace muy poco, de las tareas llamadas del hogar; también creo que en la mayoría de esos minoritarios casos, en que el hombre sí hace o comparte las tareas del hogar, siempre va a ser poco.  Siempre va a ser criticado porque no hace todo lo que debiera.

En relación a esto me acuerdo de un buen amigo, cuando me decía que, al principio la mujer se encargaba de fregar la vajilla después de cada comida. Mientras, él aprovechaba  para pasar la aspiradora por la casa y limpiar el polvo. Un buen día compraron un lavavajillas, y mi amigo después de la comida, limpiando. Mientras, la mujer tomando café.

Cuestión esta  última que por supuesto, no es mala cuestión. Sin embargo, y a pesar de situaciones así, la mujer piensa  que necesita más cooperación. A veces, sólo a veces, la cooperación debería ser de la mujer. Pero, sea lo que sea, se haga lo que se haga, en prácticamente ningún caso  el hombre ayuda. Se haga nada, poco, mucho o todo, da igual.

¿Quien no ha escuchado alguna vez a una madre hablar de la suerte de su hija?: – Se casó con un hombre con un estupendo trabajo y que además, en casa trabaja más que ella. Cocina muy bien, y por eso él se encarga de cocinar. Además se plancha las camisas. Mi hija no sabe planchar.

A la vez de esto, otra madre habla de lo mal que se casó su hijo: – Su mujer no sabe hacer nada. Tiene que hacerlo todo él. Aunque ella trabaja, no hace nada de la casa, y mi hijo tiene que arreglárselas él solo. Tiene que cocinar, ocuparse de los hijos.

¿Y qué pasa cuando uno no las dice que están guapas?

Compran ropa que, en algún caso, está bien para gente sin complejos. Y hay que decirlas algo bonito. Hombre, a veces es muy complicado. Bastante hace uno con mantener la boca cerrada, y no soltar lo que realmente uno percibe de semejantes atuendos. Atuendos que, efectivamente sientan muy bien a las chicas que viven de la pasarela, o de lucir en eventos rosas modelos de los modistos de moda. Chicas que hasta yo sería capaz de vestir. De hecho con una tela por encima las basta para estar guapas. Y es que, son guapas. Y con unos cuerpos … guapos.

Prefieren no conducir y no lo entiendo. Porque no paran de decir: – ¿qué haces?, ¡cuidado!, pero ¿no ves? Uno replica un poco. Y ya está: – No puedo hablar. No es que no pueda hablar. Es que no puede callarse mientras uno conduce.

Acaba de llamarme: -¿Salimos o qué? Yo estoy esperando que salgamos hace rato. Me he sentado esperando a que se arregle. Una vez arreglada me ve sentado: -¿Pero no vamos a salir?

Mujeres.

Pero como escribió  Mario Benedetti:

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

6 de julio de 2015

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