Mojigatos y poesía acomodada

 

Mojigatos y poesía

Camino por caminar en oscuridad temprana.
Resurjo de entre los torpes en una senda agónica.
Señalo los devenires, repasando los pretéritos,
del hombre que nacerá entre la maraña humana
de engreídos profesores de culturas indecentes.
Los mojigatos peludos recibirán recompensas
de venenos malolientes.
Y cuando se reconozca esa mediocridad tapada
por desnudos simbolismos como príncipes idiotas,
renacerán los auténticos labradores de poesía,
de historias con sentimiento,
sin falsedad escondida
ni vividores de cuentos.
Y a la vez desaparecerán los bufones presuntuosos
engañadores de necios,
revestidos de culturas creadas para ellos mismos.
Los elegidos del mundo por los magnates soberbios.

Poesía que me acomoda a vivir esperanzado.
Poesía que me equivoca al pensar que se ha acabado.
Palabras que por costumbre solo las siento de paso.
Versos que ya no me sirven para sacudir mi estado.
Poesía acomodada.
De sesiones de lecturas para clubs de intelectuales,
para snobs de baratija, con músicas ambientales.
Versos que se han volado con las rimas del ayer.
Palabras y más palabras refinadas o vulgares,
ausentes de sentimientos.
Solo palabras, palabras.
Preocupadas de la imagen,
de parecer de vanguardia,
superadoras de tiempos,
de patriarcas, de machadas,
de dictaduras y guerras,
pero que no dicen nada.
Nada de esa multitud de gente,
de la gente que se calla,
de la gente a la que toca sufrir,
y sin poder decir nada
por no tener micrófono abierto,
ni voz, ni voto que sirva,
ni nada.
Gente que vive callada,
y sin además remedio,
pues aunque griten nadie oye,
y han perdido la esperanza
en este mundo de mierda,
gobernado como nunca
por listos en embaucar
y sus necios servidores,
vendedores de patrañas.
Mundo, este tan injusto,
al que sobran casi todas,
si no todas,
las palabras escuchadas.
Mundo que echa de menos
la simple y honda poesía,
la que siempre incendió el alma.
No la de veladas nocturnas,
de profesores de falso.
Sí la poesía de todos,
la de los hombres honrados,
que siempre son mayoría,
nunca los más respetados.

 

 

26 de abril de 2020

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía

Clausura

Plaza de La encina

 

Ciudades tristes,
pueblos dormidos.
Gentes ausentes,
escondidas en sus vistas,
absorbidas por un mínimo.
La vida que resucita
en primavera venida.
Sin ya recuerdos de antaño
por ser tiempos tan remotos,
ausentes,
desde un espacio mayúsculo.
Olvidados para el hombre.
Un natural devenir
que abre paso a la vida
de una tierra afligida,
amordazada en su voz,
y harta ya de su castigo.
Con ganas de rebelión,
de vida plena de nuevo,
sin corazas transgresoras
mutiladoras de esencias,
de condiciones del ser.
A ver si sabemos ver,
que somos gentes de paso,
de escalones diminutos,
capaces de provocar
tropiezos a un devenir
imparable e inesperado
en un tiempo tan inmenso.

 

19 de abril de 2020
Tiempo de cuarentena

Poema a la Poesía

 

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Que es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Gustavo Adolfo Bécquer

 

Poesía

Poesía de la tierra azul,
poesía de la tierra seca.
Versos del hombre dolido,
versos a la mujer bella.
Poesía de gente callada,
versos para gente muerta.
Poesía que haces hablar
a los parias de la tierra.

Poesía de una tierra gris,
versos a una tierra muerta.
Poesía de nuestros silencios,
de soledades inciertas,
de pensamientos culpables,
de inconfesables pecados,
y de almas ocupadas
de realidades a medias.

Poesía de épocas de luz,
pero también de tinieblas.
Versos que nos ayudan
a comprender lo que pasa,
a valorar lo que cuesta.
Haz hacernos escuchar
tus silencios, los sonidos
que tú, poesía, nos muestras.

Poesía que con tus versos
nos adviertes del peligro.
Perdona nuestro callar,
nuestro abandono a tu esencia.

Poesía saca tu luz,
poesía saca tu estrella.
Haz reverdecer al mundo
con tu hermosura doncella.
Resplandece de entre todo
y resucita esta tierra.

Poesía, ¿por dónde andas?
—Estoy con la gente cierta,
con esa gente que habla,
aunque sin palabra expresa.
Ellos son los que en verdad,
sin resaltar,
salvan esta tierra nuestra.

 

 

21 de marzo de 2020
Día Mundial de la Poesía

 

 

 

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía

Hojas marchitas/ Muerte serena

 

Hojas marchitas … nuevos caminos

Marchita la hoja resiste
por apurar su vivir.

El camino se termina
y el caminante cansado
lo abandona y se despide.

La luz del hogar se apaga
y la tertulia termina.
La familia reducida
se entristece en el recuerdo
de un tiempo que agonizó.

Aquellos ratos de antaño
quedan en nuestra memoria,
aunque,
no solo están los recuerdos
de despedidas y ausencias.

Tenemos nuevos momentos
que seguirán provocando
nuevo tras nuevo vibrar,
y así durante todo el tiempo
mientras nos dure el camino.

Momentos que mantendrán
nuestras ganas por vivir,
ganas para iniciar
caminos nuevos que abrir
que debemos recorrer
para poder terminar,
y seguro que después
volver también a añorar.

Y es que al ver reverdecer
la hoja,
en otro tiempo marchita,
entendemos,
que lo mejor de la vida
es vivir cada momento,
disfrutando de esa luz
que siempre reaparece
tras una noche que enseña
un punto de reflexión,
un silencio necesario,
que nos hace comprender
el sentido del andar,
la grandeza de seguir,
y percibir sin querer
la música maravillosa
que aún está por componer.

Muerte serena

Dicen que no te merezco,
que soy poco para ti,
que nací pobre y perdido
y que así he de morir.
Moriré como otros tantos mueren:
Solos y abandonados,
y sin la vida sentir,
pues,
cuando aparece la muerte
ni ricos, ni con cariño,
el morir es el morir.

No sentiré estar muerto,
ni ser pobre ni querido,
ni recordado siquiera.
Solo volveré a ser tierra.
Y se acabará el vivir.

¿Y mi enfado de qué sirve?
Pues de nada para mí,
ni de nada para ti,
porque el morir pronto llega
y el despertar al morir
nada o poco consuela
habiendo tenido un tiempo
más grande para vivir.

13 de febrero de 2020

En la calle La Amistad

Salía de trabajar.
Te paraste a preguntarme por la calle La Amistad.
—¿Cómo? ¡qué casualidad!
Es justo hacia donde voy yo.
Nos mirábamos al andar.
En el rato de paseo no paramos de charlar.
Coincidimos.
Nos encontramos
Nos deseamos buena suerte.
Y ya está.

Hasta que algún tiempo después, en una calle del centro,
te paraste a conversar:
—¿Así que eres tú el poeta?
Aquel del que a alguien oí hablar.
—Pues sí, soy ese que escribe versos, pero nada excepcional.
Eso sí, quizá a alguno emocione.
De ser así, no podría pedir más.
—¿Podrías escribir algún pequeño poema para mí?
Para mí, y nadie más.
Que contara aquel primer encuentro,
cuando no paramos de charlar.
Caminando hacia esa calle,
la calle de la amistad.
Fue un encuentro bonito. Para mí un despertar.
—Pues muy bien, aquí tienes estos pocos versos.
Para ti.
Y ya está.
Solo espero que te guste.
Sólo, sólo con acento, por ser para ti no más.

31 de diciembre de 2019

Esperando

Imagen de internet pixabay

Imagen descargada de internet (Pixabay)

 

En la espera me imagino
cómo será tu llegada.
Quizá me ocasione frío,
quizá fuerte marejada.
Tú seguro que sabías
que verano tras verano,
como siempre,
te esperaba.
Ansiaba verte de nuevo
y que tu sonrisa cómplice
me incendiara toda el alma.

Ahora es cosa distinta,
después del paso del tiempo
puede que tan solo seas
la imagen imaginada.
O quizá aún sigas siendo
aquella niña tan bella,
hecha ya esa mujer,
con la que antaño soñaba.
A la que añoraba tanto
en esos tiempos de ausencia
por estar algo alejados
de aquel verano pasado,
de aquellos breves momentos,
de aquellos besos soñados,
de aquellos inocentes versos
y alegres llantos callados.

Hoy, de nuevo,
esperando estoy paciente
verte descender del tren
tras tanto tiempo pasado.
Aunque si te soy sincero
ahora me siento feliz
imaginando tu aspecto,
tu sentir y tu emoción
al verme
por sorpresa aparecer
tan solo en esta estación
esperando tu sonrisa,
aguardando tu llegada.

 

23 de diciembre de 2019

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía