Ciudad triste

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La ciudad está dormida,
la ciudad quedó desierta,
sin personas que transiten,
con poca sangre en sus venas.
Nadie hay que te acompañe
en tu quehacer cotidiano.
Las calles siguen dormidas
y las cuesta despertar.
¿Dónde se fueron los niños?
Y sus gentes, ¿dónde están?

Ciudad sin ningún bullicio,
sin sonidos, ni canción.
Toda aparece dormida
esperando un despertar
que hasta ahora no llegó.

Un día, sin reparar,
la villa al final yació.
Ya solo queda el silencio
con poca luz y sin sol.
El alba no quiere entrar,
pues recuerda con tristeza
a aquella misma ciudad
en días no tan lejanos,
con un palpitar sin duelos
como un solo corazón
uniendo aquellos latidos
de tanta diversidad de gentes,
de toda una población.

Ahora todo está parado.
Alguna gente mayor,
que recuerda aquel pasado
con penar en su interior.

9 de febrero de 2019

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Ausencia

Te fuiste
con el día amaneciendo.
Yo me desperté
y no estabas.
Cuando quise darme cuenta
tu puerta estaba cerrada.
Te perdí sin enterarme
como muchas otras veces,
sin percatarme de nada.
Al fin y solo,
cuando la noche caía,
comprendí que me faltabas.
Que mi vida con tu ausencia
no era vida si no estabas.
Pasó a ser
una simple y triste
mancha oscura
en la mitad de la nada.
Me faltaba un horizonte,
no tenía voluntad,
¿para qué seguir andando?
¿de qué sirve ya el mirar?
si no veo otra cosa 
que la nada y nada más.
El tiempo se me pasó pronto
y a tu lado mucho más.
Pero qué largo es ahora
desde que tú ya no estás.

 

28 de diciembre de 2018

de Alberto Blanco González Publicado en Amor, Poesía

Recuerdos de Navidad II

De mi libro “Paisajes interiores”

Navidad con ausencias
de los padres que ya no están,
de los hermanos distantes
que quizá no volverán.

Navidad en mi tierra,
de tímidos “majuelos”,
la de los altos llanos y yermos
y roquedas,
de campos sin arados,
regatos ni arboledas …

Navidad en el campo,
en pueblos de agrios campos,
que con el paso del tiempo
deshabitados se van quedando.

Navidad al fin,
con Nacimiento en la iglesia,
y petición del aguinaldo
por las casas calentitas,
saludando a los paisanos.

Navidad, sin dudarlo,
mágica alegría de los niños,
que los mayores disfrutamos
si conseguimos
en infantes transformarnos.