Desconocida

 

Hoy he vuelto a cruzarme contigo,

como casi todas las mañanas,

de camino al trabajo en la oficina.

Al principio, te miraba sin reparo.

Tú, creo, ni te percatabas.

Hasta aquel día, en que casi nos chocamos

y tus ojos se clavaron en los míos.

Desde entonces, aquella mirada con descaro,

cuando es hacia ti, se vuelve tímida.

Y aunque ansío de nuevo ver tus ojos,

mi mirada se esconde de la tuya.

Y es que, el color de tus iris me recuerda

al color del aquel cielo, casi despejado,

en los atardeceres de mi pueblo en los veranos.


12 mayo de 2017

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de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

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