Carta

 

Hola.

Te escribo esta carta a la espera de poder contar algún día nuestra historia.

No sabía cómo, no sabía qué decirte, pero desde aquella tarde que cruce contigo la mirada, tarde de cañas, en aquella terraza con amigos, decidí que tenía que conocerte. Ya te había visto varias veces con tu gente por la zona. Desde el principio me gustaste. Siempre aprovechaba cualquier momento para disimuladamente observarte, y me parecía que, a veces, tú también me mirabas. Pero cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí un cosquilleo en el cuerpo, junto con una sensación del que se siente aceptado. Tu mirada transmitía simpatía y acercamiento. Espontáneamente hice un gesto, al que respondiste con una leve sonrisa.

Lo que pasó después ya lo sabes. Te había prometido escribir nuestra pequeña historia, y por eso estoy intentando hacerlo. Recordarás que te dije que no siempre consigo escribir aquello que me gustaría contar. A veces, historias como la nuestra no consigo reflejarlas en palabras. Y es que es puro sentimiento, pura emoción. Puro amor.

Mi primer amor, y durante mucho tiempo, mi único amor para mí, fue un amor de los que llamamos platónico. No pensé que sentiría por alguien lo que sentí por quien yo llamaba “mi chica”. Aunque era un amor desde las nubes, fue la chica del primer beso, la chica que además también me amaba, y a la que idealicé, pero porque era realmente ideal. Hasta ya madura mi juventud, no empecé a pensar que debía ser práctico en esto del amor, que nunca encontraría a alguien tan especial.  Que tendría que conformarme con una mujer cuyo amor sería más terrenal, porque el otro, pensaba, sólo lo sentía gente rara como yo. ¿Por qué, si no, hay tanta gente que siempre tiene a alguien, que siempre está enamorado, que cambia de pareja tan rápidamente? Quizá sólo sea porque no saben estar solos. Para mí, mi amor era único, y no podía imaginar a nadie más. Nadie podría ocupar el sitio de mi “chica”. Si no compartía mi vida con ella, no valdría la pena compartirla con nadie.

Pero cuando estaba empezando a pensar que debía ser práctico, apareciste tú. Lograste que siguiera con mi idea platónica del amor. Me enamoré de ti, y “mi chica” ya no era mi única chica.

Nuestra historia por ahora queda sin contar. Como te he dicho no encuentro las palabras para poder explicar lo que sentimos. Lo que hicimos sin lo que sentimos no reflejaría nuestros mágicos momentos. Para nosotros un simple vino en una simple terraza, un simple paseo en bicicleta, un baile en una verbena de verano, un beso a la luz de la luna. Para nosotros, esas simples cosas, era como subir al cielo y tocar las estrellas.

Como compensación te he escrito esta carta, para que sepas que te sigo queriendo, y que sigo tocando el cielo cada vez que estás conmigo.

Un beso

Néstor de María

 

26 de junio de 2017

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de Alberto Blanco González Publicado en Otros

Un comentario el “Carta

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