Diálogo (III)

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– ¿Ya sabes quién  soy?

– Sí creo que sí. En el último diálogo que publiqué en este blog  diste una pista.

– Pues, desde entonces hemos hablado varias veces y, no me has comentado nada. ¿A qué pista te refieres?

– A la poesía

– ¡Ah, la poesía! Cierto es que en un poema traté de explicarte ese sentimiento tan difícil de reflejar como es el de la duda acerca de nuestra trascendencia, la duda de nuestras creencias, sentimiento de duda acentuado especialmente al final de nuestros días. Dudas que en ese momento  aparecen en la mayoría de los hombres, incluso de aquellos que se declaran y se han declarado siempre como agnósticos. Lo recogiste tal cual te lo conté. Y me sorprendí mucho al ver que lo habías escrito sin olvidar ni una coma. Yo sé que estás lleno de cualidades, pero tu memoria no es tu fuerte y es difícil recordar unos versos de esa manera.

Y hablando de versos. Sé que estás muy satisfecho por la publicación de un libro con poemas tuyos. Por esta orilla ya sabes que hay gente orgullosa de ti y que siente tus alegrías y penas como propias.

– ¿Puedes hablar con mi …?

– Para, para, para … Yo no digo que pueda hablar con nadie.

– Entonces, ¿por qué dices que por esa orilla hay gente …?

– A ver amigo Alberto. Ya he intentado explicarte en otras ocasiones que desde este lado hay una perspectiva incomprensible para vosotros. Se aprecia lo que podría llamarse la plenitud. Que hay cuestiones que no se pueden entender desde ese lado. Mis expresiones no debes interpretarlas al pie de la letra. Intento comunicarme contigo de la mejor manera posible para que tú  puedas comprenderme, y  sé que lo intentas. Pero debo utilizar vuestro lenguaje y este, al igual que vuestra razón, no llega a lo que antes llamé la plenitud.

– A ver. Ya empezamos. Puede que entienda lo que quieres decir. Pero ¿qué pensará la gente que pueda leer esto? ¿Qué pensará de estos escritos y de su autor? ¿Está loco?

– Pues mira lo que te digo. Si hay algo que puede entenderse son los sentimientos. Todo el mundo los tiene. El problema es cómo expresarlos. Yo te animo a que escribas estas cosas. Escribe tus poemas, tus reflexiones, lo que tú consideras tus ensueños. Después léelos y si ves que reflejan lo que sentías, lo que sentiste o lo que sientes no te preocupes. Como te dije, los sentimientos todos los entienden.

6 de marzo de 2016

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4 comentarios el “Diálogo (III)

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