7 de noviembre, 8 de abril

 

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Era siete de noviembre
en un mundo muy, muy plano.
Yo ilusionado esperaba,
mientras, todo divisando
desde una simple atalaya.
Todo, hasta el fin del horizonte.
De repente muy, muy rápido
un montículo aparece.

¡Qué distinto del paisaje!
Singular, diferente.
¡Todo igual, y ese contraste!
Fantástico, espectacular.

Va acercándose,
va creciendo.
Sólo a él puedo mirar.
Se acerca,
sigue creciendo.
Intenta e intenta andar.

Es mi placer,
es mi vida desde entonces.
Es mi sueño hecho real.
Mi principito, mi esencia,
mi primera bendición.
Cada  siete de noviembre.

Luego está el ocho de abril.
Parecía que sería
otro día como tantos.
Sin embargo, se me da
mi segunda gracia ahí.

Mi rey David aparece.
La luz,
la alegría, la risa.
La raíz de los deseos.
La travesura genial,
la dulzura de los sueños,
la inteligencia mordaz.
La picaresca del niño.

Aquí el paisaje reacciona
se cambia a su voluntad,
pues David nunca se esconde
sin querer se hace notar.
Todo el entorno comprende
que llegó su rey sin más.

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5 de noviembre de 2016

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de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

¿Por qué?, ¿quién?

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¿Por qué, sin más, se fue?
¿Por qué no lo noté?
¿Cómo podré ahora dominar mis miedos?
Sin su presencia, sin sus consejos.
¿Cómo podría haberlo evitado?
¿Cómo?, ¿Por qué?
 
¿Quién ocupará mi ser?
¿Quién me ayudará a ver?
¿Ya no tendré a alguien que vele mi sueños?
¿Y quién ahora inspirará mis versos?
¿Cuándo pudo el final haberse cambiado?
¿Cuándo?, ¿quién?

Siempre, se pudo siempre …
un solo gesto … Pero al final, se fue.
Y ahora estás tú.
Y velaré tus sueños,
me inspirarás mis versos.
Y aunque aún sin saberlo,
aquí estás, mi vieja amada,
la más amada …

¿Quién?, ¿quién?

 

30 de agosto de 2016

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado