El despertar de la mañana en los campos de mi pueblo. El olor a tierra mojada, a rocío sobre el suelo.
Sensación quizá expresable con palabras en un verso. Desde luego para mí, un novato escribidor, muy difícil de expresar, aunque ponga mi ilusión.
Pero sí, lo intentaré.
Amanecer en el campo. Parece que llega el fuego. Una bola grande, enorme poco a poco apareciendo. Despejando el horizonte. Va surgiendo a lo lejos. Va naciendo de la tierra, dirigiéndose hacia el cielo.
¡Cuánta gente sentirá lo mismo que yo ahora siento! ¿Quién habrá en aquel lugar por donde el sol va naciendo? Qué ganas me dan de ir caminando hacia su encuentro.
Foto: blog de wordpress palabrasconinsomnio
La belleza de vivir en los pueblos de Castilla. La belleza de vivir en los pueblos de mi Bierzo. Las bellezas que se esconden en esos queridos pueblos.
Algunas veces pensaba que algún día me querrías. Al poco desesperaba.
Algunas veces pensaba que algún día tú querrías, que te cogiera en mis brazos, y que jamás te soltara. Al poco desesperaba.
Algunas veces pensaba que algún día te diría cuánto cuánto te añoraba, desde el día en que partías hasta aquel que regresabas. Al poco desesperaba.
Algunas veces pensaba que algún día tú querrías partir conmigo o quedarte en el sitio que tocara, pero juntos los dos, siempre juntos. Al poco desesperaba.
Muchas veces he pensado en cómo poder decirte algunas de las cosas que, algunas veces pensaba. Al final desesperaba.
Cuando un día al fin te dije cuánto cuánto te quería, cuánto cuánto te añoraba, cuánto y cuánto yo te amaba.
Ese día vas tú, y me dices …
Me dices que me querías. Que algunas veces pensabas en cómo me lo dirías.
Que mucho me recordabas desde el día en que partías hasta aquel que regresabas.
Me dices … que te cogiera en mis brazos. Que jamás me separara. Que quedemos o partamos hacia el sitio que tocara. Pero juntos los dos, siempre juntos. Y si no … seguro. Seguro desesperabas.
El día que me marché no quise mirar atrás. Sólo pensaba en volver. En cuándo iba a regresar.
Partí con muy pocas cosas y con muchos sentimientos. Sentimiento de tristeza, sentimiento de abandono. Sentimiento de vergüenza. Sentimiento de estar solo.
Cuando por fin regresara, qué sería de los mios, quizás ni me recordaran, quizás también se habrían ido.
¿Quién cuidará de mi amada, quién velará por mis niños?
Siempre estaréis en mi mente. Siempre en mi vida estaréis. En mi vivir, en mi ser. Siempre conmigo estaréis.
¿Quién cuidará de mi amada, quién velará por mis niños? ¿Quién os arropará en la cama, para que no cojáis frio?
Yo, aunque en la distancia, no pensaré en otra cosa. En mi mente, en mi camino, en mi vivir, en mi ser. Os tendré siempre conmigo. Siempre conmigo estaréis.
Foto descargada de Internet. No aparece autor. Pero inspiradora
De pequeños a mayores, un proceso natural. De mayores a pequeños, cuánto nos cuesta pasar.
No sé si será porque, al crecer, perdemos la ingenuidad. Al crecer, mucho dejamos perder, no ya la virginidad. También solemos perder la inocencia, la verdad.
Pasamos a razonar, a ver qué será mejor de cara a poder triunfar.
Triunfar en lo material.
No nos damos cuenta que, la ingenuidad, la inocencia, el no pensar en triunfar. Seguro que, mejor nos hace ser. Seguro que, más nos confortará.
Al final de nuestros días valoramos lo importante. La familia, la amistad, nuestro sol, nuestro paisaje. Nuestras charlas con amigos, los paseos por un parque. La sonrisa de aquel niño, la belleza de un instante.
Navidad en la aldea, en el pueblo, en la ciudad. Navidad en familia, en compañía, en amistad. Navidad del creyente, del ateo, qué más da. Navidad recordada, y de niños, no era igual.
Navidad en mi tierra. Navidad en el campo. En mi pueblo que aún pequeño, estaba algo más poblado.
Pueblo y pueblos de campos, que con el paso del tiempo, van quedando más yermados. Ausencia de algún vecino a quien siempre recordamos.
Mis recuerdos navideños: Heladas, escarcha, frío. “Chupiteles” en tejados. Algunos de los mayores, sabañones en las manos.
Las estufas de piñones con la gente alrededor, parloteando, mayormente, de asuntos del labrador. En el bar del teleclub, en su punto de reunión.
Manos muy frías y rojas. Trozos de calle con hielo. La tierra helada y muy dura.
Sin bombillas navideñas. Pero Navidad al fin.
Con nacimiento en la iglesia. Petición del aguinaldo por las casas calentitas. Saludando a tus paisanos.
La familia toda en casa con ambiente muy hogareño. Con la “gloria” quema y quema, calentito desde el suelo.
Tu familia toda en casa. Ningún añoro de niño.
De mayor es diferente. Los recuerdos, la añoranza. Las personas que quisimos.
Navidad de las ausencias. De los padres que no están. De los hermanos distantes que quizá no volverán.
Pero, si tenemos hijos en edad de no añorar, disfrutemos hoy con ellos, y así podrán recordar la Navidad con sus padres que ya nunca olvidarán.
La Navidad, sin dudarlo, es la fiesta de los niños. Los mayores disfrutamos, si por un momento al menos, conseguimos transformarnos en infantes como ellos.
Que nunca desaparezca de nosotros la ilusión, la magia y la inocencia, la intención de ser mejor.
De preocuparnos del prójimo, de ayudar a los demás, de procurar recordar lo que se nos inculcó.
Ojalá siempre deseemos e intentemos conseguir, lo que todos merecemos una Navidad Feliz.
Campos de Moral de la Reina desde la última morada
Campo marrón, verde, amarillo. Horizonte infinito. Campo llano, extenso, frío. Horizonte infinito. Campo de tierra, de casas de adobe. Horizonte enorme. Campo llano, extenso, seco. Horizonte perfecto. Campo duro, seco, torrado. Horizonte cercano.
Lejos, cerca, inmenso. Amaneceres plenos. Puestas de sol en la extensa lejanía. Luna que ilumina. Estrellas que brillan en su techo interminable. Todo inmenso y cercano. La vista se afianza. Los ojos lo agradecen. El alma se te para.
Campo marrón, verde, amarillo. Campo llano, extenso, frío. Tierra, tierra, tierra. Campo, campo, campo. Tierra, Tierra de Campos.
Quiero escribirte algo
y no sé cómo empezar,
qué palabras voy a usar,
y cómo resultarán.
Cómo resultarán las mismas entrelazadas. Espero a que tú me indiques si valen la pena o no. Si provocan emoción, o si solamente son un grupo más de palabras.
Como siempre cuando escribo. Y antes de mostrarlo a nadie, te presto el texto un momento a fin de que tú me digas si es una tonta osadía, o un placer de atrevimiento
Lo que puedo prometer es que intentaré esmerarme, intentaré ser muy conciso, explicar lo inexplicable, y que se interprete bien.
Y allá voy.
Tengo … Tengo suerte de tenerte. Estoy contento de amarte. Lo mismo de desearte. Muy contento de sentirte. Y encantado de aguantarte.
Eres … Como buen leo, infantil, fuerte y valiente también. Con carácter desde luego, y estás siempre, siempre, ahí.
Eres hermosa por dentro. Eres bonita por fuera. Comprensiva hasta lo más. Responsable, noble, bella.
Al abrir tu corazón aparecen cosas buenas. Algunas veces te escondes. No dejas que se te vea.
Y como sé que no quieres que me enrolle por demás, solamente desear que nunca pueda decir, que el día más triste fue aquel en que te perdí.
Nos llamó y llamó gritando.
Nadie, nadie la escuchó.
La voluntad aguanta, resiste.
Al final final cedió.
Pero pronto, raudo aparece. Renace de su dolor. Una gran fuerza se afianza y rescata la ilusión.
El hombre desesperado, renace con esplendor. Vuelve a creer en él mismo. Y vuelve a caer en su error.
Es un ciclo sin final, del que nunca aprenderemos. La razón supera todo. El dolor, el sufrimiento, el sentimiento, la fe.
El raciocinio domina y debiera ser de otra forma. La inteligencia debiera respetar al caminante e iluminar el camino.
Pero nunca discutir sobre cuál es lo mejor. Si ahorrar tiempo en el andar o ir mirando al caminar y disfrutar con pasión, del camino y del vivir, del comer y del beber, y en catalán, del cardar.
La voluntad, el sentimiento, lo animal ya no conviene. La razón desvirtúa mucho el camino hacia el final.
En una de estas será que la fuerza no se afianze y rescate la ilusión.
El hombre desesperado, sin esplendor quedará. El sentimiento se irá. La esperanza, la pasión, hasta lo animal caerá.
La Tierra, nuestro planeta, al final pedecerá.
Aunque siempre hombres habrá dispuestos a pelear. A conseguir que con ganas, con ímpetu, con voluntad renazca La Tierra de nuevo renazca de nuevo La Paz.