Obligados a partir solos

 

El día que me marché
no quise mirar atrás.
Sólo pensaba en volver.
En cuándo iba a regresar.

Partí con muy pocas cosas
y con muchos sentimientos.
Sentimiento de tristeza,
sentimiento de abandono.
Sentimiento de vergüenza.
Sentimiento de estar solo.

Cuando por fin regresara,
qué sería de los mios,
quizás ni me recordaran,
quizás también se habrían ido.

¿Quién cuidará de mi amada,
quién velará por mis niños?

Siempre estaréis en mi mente.
Siempre en mi vida estaréis.
En mi vivir, en mi ser.
Siempre conmigo estaréis.

¿Quién cuidará de mi amada,
quién velará por mis niños?
¿Quién os arropará  en la cama,
para que no cojáis frio?

Yo, aunque en la distancia,
no pensaré en otra cosa.
En mi mente, en mi camino,
en mi vivir, en mi ser.
Os tendré siempre conmigo.
Siempre conmigo estaréis.

 

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Foto descargada de Internet. No aparece autor. Pero inspiradora

 

1 de enero de 2016

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Recuerdos de Navidad

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Nacimiento en Valladolid

Navidad en la aldea, en el pueblo, en la ciudad.
Navidad en familia, en compañía, en amistad.
Navidad del creyente, del ateo, qué más da.
Navidad recordada, y de niños, no era igual.

Navidad en mi tierra.
Navidad en el campo.
En mi pueblo que aún pequeño,
estaba algo más poblado.

Pueblo y pueblos de campos,
que con el paso del tiempo,
van quedando más yermados.
Ausencia de algún vecino
a quien siempre recordamos.

Mis recuerdos navideños:
Heladas, escarcha, frío.
“Chupiteles” en tejados.
Algunos de los mayores,
sabañones en las manos.

Las estufas de piñones
con la gente alrededor,
parloteando, mayormente,
de asuntos del labrador.
En el bar del teleclub,
en su  punto de reunión.

Manos muy frías y rojas.
Trozos de calle con hielo.
La tierra helada y muy dura.

Sin bombillas navideñas.
Pero Navidad al fin.

Con nacimiento en la iglesia.
Petición del aguinaldo
por las casas calentitas.
Saludando a tus paisanos.

La familia toda en casa
con ambiente muy hogareño.
Con la “gloria” quema y quema,
calentito desde el suelo.

Tu familia toda en casa.
Ningún añoro de niño.

De mayor es diferente.
Los recuerdos, la añoranza.
Las personas que quisimos.

Navidad de las ausencias.
De los padres que no están.
De los hermanos distantes
que quizá no volverán.

Pero, si tenemos hijos
en edad de no añorar,
disfrutemos hoy con ellos,
y así podrán recordar
la Navidad con sus padres
que ya nunca olvidarán.

La Navidad, sin dudarlo,
es la fiesta de los niños.
Los mayores disfrutamos,
si por un momento al menos,
conseguimos transformarnos
en infantes como ellos.

Que nunca desaparezca
de nosotros la ilusión,
la magia y la inocencia,
la intención de ser mejor.

De preocuparnos del prójimo,
de ayudar a los demás,
de procurar recordar
lo que se nos inculcó.

Ojalá siempre deseemos
e intentemos conseguir,
lo que todos merecemos
una Navidad Feliz.

Todos los días del año.

 

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Feliz Navidad

17 de diciembre de 2015