La canción

 

Algunas canciones permanecen en nuestro recuerdo, nos hacen revivir momentos pasados, y nos emocionan pese al tiempo transcurrido.

En una estación de tren.
En un asiento de un parque.
Sentado en el autobús,
caminando por la tarde.
Momentos de concentración,
de libre ensimismamiento.
Sólo viendo sin mirar.
Soñando siempre despierto.

Pensando si recordarás,
si te acordarás de aquello
que juramos no olvidar 
por mucho que pasara el tiempo.
Aquella noche de agosto,
bajo aquella luna llena,
prometimos siempre amarnos.

¿Recordarás la canción que
tantas veces cantábamos?
Aquella cuyo «I love you»
tan especial nos sonaba.
¿Te acordarás que a mi oído
tu siempre la susurrabas?

«Because I love you
Yes I love you, oh, how I love you»

5 de abril de 2017

¡Qué pena!

Principito
Imagen de «El Principito»

 

¡Qué pena!
Recuerda niño que mi alma
está llorando por ti.
Estás tan lejos ahora
que no me podrás oír.
No obstante, mi bello niño,
mi alma, siempre, junto a ti.

¡Qué pena!
A pesar del lejano exilio
te sentiré siempre aquí,
aquí cerquita, a mi lado,
ahora  y siempre junto a mí.
Siento mucho no escucharte,
ni nada poderte decir.

Sólo,
con estos sencillos versos,
desahogo mi pesar,
mi enorme pena dolida.

Sólo,
intento poder mostrar
todo,
casi todo mi sentir.

Versos 
que sé, no podrán llegarte,
pero nunca están de más.
Aquel día que marchaste,
nos dejaste un gran dolor,
una eterna amargura.
Se acabó nuestra ilusión.

¡Qué pena!
No te pude acompañar,
y te llevaste contigo
mi mitad del corazón.
La otra mitad siempre llora
recordando con pasión
tu dulzura,
tu inocencia,
tu bondad,
tu comprensión.

¡Qué lástima!
Como aquella niña guapa,
que camino del colegio
iba de muy mala gana,
y aplastaba su carita
en la ventana,
para que luego el poeta,
un León de la poesía,
su triste historia contara.

¡Qué lástima!
Ojalá pudiera ser
que en aquel lugar se vieran,
y jugaran muy contentos
por no tener que ir
a la escuela.

Sólo
asistir a alguna clase
para leer algún verso,
y así entonces el poeta
pudiera ser su maestro.

 

 

1 de abril de 2017

Día internacional de la poesía

En un rincón

Muy temprano
el desamor me alcanzó.
No quería abandonarme. 

Creí no volver amar.
Pensé que viviría
vagando,
como un fantasma,
con cadenas al andar. 

Una tarde,
muy aburrido,
te encontré
en aquel rincón. 

A ojearte empecé,
sin un especial esmero.
Prendado pronto quedé
con tu elocución:
¡cómo contabas
las penas del desamor! 

Ahora que te he descubierto
necesito tu cobijo.
Tu sosiego tranquiliza
mi espíritu,
a veces,
atormentado. 

Tu belleza despierta
los placeres de mi alma,
y de mi carne. 

Cuando estoy
sólo contigo
lo demás da igual:
Es un éxtasis,
es la POESÍA.

Versos para ti

 

Sueño con tu cara, sueño con tu risa.
Pienso en tu mirada y en tu simpatía.
Me acuerdo de cómo a ti te gustaba
conmigo charlar.

Me acuerdo del día, cuando tú y yo juntos
con otros amigos, viendo atardecer.
No pude aguantarme y te robé un beso.
¡Aquel primer beso!

Aquel primer beso que sin esperarlo,
con mucha ternura, tú me devolviste,
en el mismo otero, viendo ya la luna,
un día después.

Recuerdo tu cara, recuerdo tu ropa.
Pronunciar tu nombre aún me ruboriza,
mi alma  estremece aún al recordarte,
y pensar en ti.

Recuerdo tu esencia, tu sonrisa alegre,
tu cara risueña cuando me mirabas,
tu cuerpo acorde con tu simpatía,
todo natural.

Me gustabas tanto que nunca he sentido,
aquel cosquilleo que me producías.
Con sólo acercarme y notar tu mirada
me sentía feliz.

Por eso es ahora que sigo escribiendo
por si alguna vez, con un poco de suerte,
me lees estos versos, y entiendes que siempre
escribo por ti.

11 de marzo de 2017

Poeta

“Vete a mirar los mineros,
los hombres en el trigal,
y cántale a los que luchan
por un pedazo de pan.

Vive junto con el pueblo,
no lo mires desde afuera,
que lo primero es ser hombre,
y lo segundo, poeta”

Atahualpa Yupanqui

 

Poeta que sólo escribes
para embellecer tu verso,
para mostrar tu sapiencia,
para lucirte en tu verbo.

Intenta aproximarte
a los hombres desahuciados,
a las personas que sufren
y a los niños olvidados.

Ocúpate un poco al menos,
de sentirte más cercano,
de llegar más a los pobres,
a los humildes paganos.

Con tu verso corto y claro
procura hacer que te entiendan,
y olvídate por un rato
de las figuras grotescas,
de las formas rebuscadas,
de los adornos y vueltas.

Que tu verso, alguna vez,
sirva para denunciar,
para expresar en su nombre
toda gran iniquidad.

 

 

7 de marzo de 2017

Madurez

 

En un día algo nublado,
con cierta amargura interna,
escuchas una canción,
relees un viejo poema.

Recuerdas tus días pasados,
alegres, llenos de sol.
Los sientes algo alejados,
te preguntas qué pasó.
El tiempo transcurrió rápido,
y tu recuerdo ahí quedó,
solamente tu recuerdo.

Tu juventud te abandona.
Comienzas a comprender
que no todo es el pasado,
que aún tienes cosas que hacer,
otras muchas que aprender,
y algunas para enseñar.
Aún te queda por vivir,
aún tienes que disfrutar.
Comienzas a  descubrir
que la juventud pasada,
es sólo una etapa más.

Aquella canción de amor
que nimia te parecía,
ahora te parece hermosa,
te hace sentir todo vivo.
Te emociona y te transporta
hacia el monte del olvido.
Te recuerda a tu Lucía,
a tu amor particular,
a la mujer que ahora quieres,
y a la que luego amarás.

Aquel poema que antes,
apenas te sugería,
ahora te parece nuevo,
entiendes lo que decía.
El poeta allí expresaba
la levedad de los días,
la plenitud del amor,
la merced de toda vida.

 

19 de febrero de 2017

Ya no te acuerdas

 

Ya no te acuerdas.
Hubo un tiempo en que me amabas,
que no podías imaginar sin mí tu vida.
Juraste amarme para siempre.
Me hiciste prometer que jamás te dejaría.
Hoy te vas porque dices estar cansada.
Dices no reconocerte, estar  perdida.
Estás segura de ya no sentir nada.
Afirmas  que se acabó el amor,
aquel, que no hace tanto, por mí sentías.

Ya no te acuerdas.
Aquellas tardes de quedada  en El Guiñol
tomando vinos con aquella gran pandilla.
Tú te reías de las cosas que contaba,
yo solamente te veía como amiga.
En poco tiempo cambió del todo mi mirada
y llegué a ir sólo para verte,
y disgustarme, y hasta llorar después,
si tú no estabas.

wp-1486305030265.jpg
El Guiñol de Ponferrada

Amor perdido

img-photo-art-8382771.jpg

Yo,
que siempre soñé encontrarte,
después de media vida buscando,
al final lo conseguí.

Luego,
no me preocupé en cuidarte,
abandoné mis anhelos,
y por eso te perdí.

Ahora,
vuelvo a soñar con tenerte,
con ser tu cómplice amante,
y sentirte junto a mí.

Además,
después de que te alejaras
y descubrir tu belleza
finalmente comprendí.

Por eso,
aprendí a quererte más que antes,
a no dejarme llevar, por el efímero goce;
a valorar lo importante,
y a mi vida compartir.

Y es que,
si se comparte la vida
con sus dudas y tropiezos,
con sus certezas y pasos
es más fácil de vivir.

Paseando

Paseando por el parque
entre las hojas caídas.
No paraba de llover,
la mañana estaba fría.
Recordaba mis tristezas
y también mis alegrías.
Recordaba mis amores,
o quizá mis fantasías.
Pensaba en mis elecciones,
en los caminos seguidos.
En qué hubiera pasado
de seguir otros distintos.
Nadie puede ya saberlo, 
pero lo que yo sí que sé,
es que me siento contento
de tomar el que tomé.
Y por eso te recuerdo
lo que ya escribí una vez:

“Tengo suerte de tenerte.
Estoy contento de amarte.
Lo mismo de desearte.
Muy contento de sentirte.
Y encantado de aguantarte»

 

22 de enero de 2017

¿Por qué lloras mi pequeño?

wp-1484841467450.jpg
Imágenes publicadas en medios de comunicación en los primeros días del año 2017

-¿Por qué lloras vida mía?
-Tengo frío, mucho frío
– No te apures, mi pequeño
que yo te arropo un poquito.

Y la madre se tumbó
cubriendo a su hijo helado.
Así aguantaron la noche
casi, casi, congelados.

– Mamá, ¿por qué no tenemos casa?
– Pues verás, mi niño guapo.
Pronto podremos pasar
para ir al otro lado,
donde gente buena espera
para poder arroparnos.
Nos cederán un hogar
donde vivir mientras tanto.
Allí no tendremos frío;
mamá podrá trabajar,
te podrá comprar comida;
y papá, nos cuidará
desde el cielo, desde arriba. 
No te apures, mi pequeño,
esto pronto pasará.

Mirando los dos el cielo
una noche se marcharon.
Caminaron hacia una estrella
que relucía en lo alto.
Qué injusta vida, Dios mío,
unos tan poco, otros tanto.
¿Por qué no se hace nada?
¿Por qué nos costará tanto?
¿Por qué no damos cobijo
a esos seres inocentes?
Tan pequeños,
                                tan ausentes.                              

¿Qué sentimos, qué esperamos?
O es que somos tan crueles
que permitimos que mueran
mientras calientes andamos  
como decía el poeta.

19 de enero de 2017

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑