Infancia

 

Recordando mi infancia me siento soldado de paz en misiones lejanas. Feliz, recreando recuerdos de amor, y escuchando las canciones cantadas por mi madre a tope de voz, y con todo el sentir que ella daba.

Recuerdo con ternura el calor de aquellos largos y helados inviernos, y cómo mi pueblo brillaba, y aún sin luces, las calles lucían como nunca lucirán mañana.

Me sentía muy rico entre aquella pobreza. Feliz al acudir cada noche con la vieja lechera a por la leche de la vaca recién ordeñada.

A veces, según mi madre, añadían agua. Aún así, recuerdo el sabor de la leche más rica que jamás tomara.

Aquella infancia perdida no lo es tanto al ser recordada, y devuelve de nuevo a la vida, a ser feliz, y dar gracias por un despertar de nuevo, por disfrutar una vez más de una nueva y preciosa mañana.

Y es igual, aunque despierte lluviosa, tormentosa o fría, la mañana transmite sosiego y ganas de disfrutarla, pues inicia una vida nueva, y un presente que aprovechar, donde un simple vaso de leche, no digamos de chocolate caliente en esas mañanas heladas, nos hace sentir que tocamos nuestro particular cielo con simplemente acercarnos la taza.

Hablando de chocolate: Los andares, tras dejar el coche de línea que me trasladaba a Rioseco (Medina de Rioseco), por los soportales vacíos de gente, camino al colegio donde desde niño hasta adolescente el tiempo pasaba escuchando historias, haciendo ecuaciones, recitando versos, jugando en el patio con los compañeros, cogiendo experiencias y educando la mente para el devenir, me hacían ir primero a una parada previa, a comer los churros que con tanto cariño me servían, en aquel bar, que ahora no existe, pero que recuerdo como si ayer mismo allí me encontrara, tras esos cristales todo empañados que no permitían divisar la plaza. La señora muy amable me decía: «come hijo, que es muy pronto y hace mucho frío. Esto te hará entrar en calor».  ¡Qué ricos estaban! ¡Cuánto cariño!

¡Oh! inviernos de antaño. Recuerdos de niño. Reviven mi alma. 

 

27 de diciembre de 2020

A pesar de todo … Es Navidad

 

 

Navidad bajo nubes que cubren esperanzas.

Navidad con muros entre humanos asustados.

Navidad en tierras repletas de fantasmas.

Como hace nada no imaginábamos,

Navidad oscura y muy, muy ácida.

Navidad con parecidas o mejores luces

a las que hace un año asombraban,

y llenaban de brillo nuestras calles, 

nuestras plazas.

Pero hoy, Navidad de sombras.

Y de recuerdos muy recientes.

De presentes ausencias en las mesas;

de invitados diminutos repelentes. 

Navidades de antaños muy añorados.

Navidades más iguales para todos,

por estar más cerca del desánimo.

Navidades a pasar, sin más detalles, 

con la ilusión de aguantar tal como estamos.

Navidades con este único deseo:

Que las próximas vuelvan a ser

… como las de antes.

Caminemos con respeto en estos días,

pero alegres de aún estar en el camino.

No olvidemos que la vida es un regalo,

y en Navidad,

al igual que en otro día,

debemos estar siempre agradecidos.

Y al igual que siempre en estas fechas:

Navidad de los queridos recordados,

de los amados ausentes,

de los amigos perdidos.

De los sueños incompletos,

y de los sueños cumplidos.

¡Feliz Navidad!

 

ABG

24 de diciembre de 2020

 

7 de diciembre

Triste despertar el mío
lleno de dudas y sombras.
Hoy especialmente sombrío
tras la falsedad que torna.
Lleno está de hipocresía,
de mentiras y de mofas.
De gente que se cree perfecta
y que la otra le estorba.
Gente que se siente no querida
y, hasta el final de su historia,
mantiene que es despreciada
por todo el que la incomoda.
¿Por qué no se miraran adentro?
Encontrarán que les sobra,
tanto egoísmo sentido,
tanto creerse tan buenos,
tanto desprecio a personas.
Justo lo que ellos critican.
Creadores de falacias
que, se creen al mismo instante
que se emiten por su boca.
No saben ver más allá,
ni tampoco les importa.
Lo suyo es vituperar
sin pensar en el de al lado.
Pero, ojo si tú les criticas.
Harto estoy de tanto idiota.
Te demolerán a palos.

7 de diciembre de 2020
ABG

12 de octubre Fiesta de España. Poema País

Bandera de España

En tus calles el bullicio.

En tus casas el sosiego.

Gente de sangre caliente,

siempre abierta a la amistad.

A veces sí, muy callada, 

acostumbrada a algún necio.

Impresionante grandeza 

hasta en sus cosas sencillas.

El puchero y su comida:

El cocido, la paella, 

el gazpacho, pan amb tomaquet, 

el botillo, escalivada. 

La siesta y el despertar.

El sol, el mar y la tierra.

Sus piedras ya  centenarias.

La fiesta y la tradición,

el arte y el sufrimiento.

Su variedad es su riqueza.

Su paciencia y su silencio,

a veces,

demasiadas veces rotos.

Y es que su historia es muy grande,

y da dirigentes torpes,

memos, malos;

rufianes y salvadores

de patrias y de ideales.

Mientras el pueblo se calla,

y algún rebaño engañado,

convencido de su agravio

se lanza contra la tapia.

Esta es la historia de siempre

que alguna vez se repite

en nuestra querida España.

Sufrimiento de una tierra

a la que no se hace daño,

ni tampoco a sus banderas.

Solo se daña a los pueblos,

a las gentes de un país,

que jamás son ofensores,

siempre sí, los que padecen

las consecuencias perversas

de los ruines intereses.

Quien engaña es quien agravia

a un pueblo que solo quiere

poder vivir sin peleas

con sus amigos de siempre.

Poder vivir libremente,

y siempre … 

con dignidad.

Feliz día de España

Abro los ojos

 

 

Abro los ojos.

Miro el reloj.

Son las siete.

¡Vaya!

Levanto persianas y corro cortinas.

Entran los primeros rayos del sol.

Me siento bien,

con fuerzas de empezar el día.

Con ganas de disfrutar

de una preciosa mañana.

Me aseo.

Tomo un zumo.

Me voy a pasear.

 

¡Qué olor a mañana nueva!

¡Qué delicia de brisa fresca!

¡Qué sensación de libertad!

 

¡Eres tú!

A lo lejos te veo aparecer.

¡Me voy a cruzar contigo!

¡Qué ganas de vivir!

Concentro la mirada.

Acelero mi paso.

Me pongo a soñar.

Imagino quién eres.

A qué te dedicarás.

Imagino que al verme,

igual que me pasa a mí,

se te alegra más el día.

 

Pienso que, 

quizá alguna vez sueñes conmigo.

Me sonrojo.

 

¿Quién sabe?

Quizá ni te acuerdes de mi tropezón,

de aquel no tan lejano día,

de la coincidencia de nuestros caminos,

de mi torpeza y de mi caída, 

y de cómo apareciste.

Me ayudaste a levantarme.

 

¡Ah!

Y tu simpatía.  

De cómo no pude evitarlo,

y sin más,

te solté que eras preciosa.

Que te quería.

Que te amaba.

Que nunca te olvidaría.

Tú me sonreíste.

Y seguiste andando.

Mientras,

yo te contemplaba.

Miré hasta que perdí tus pasos.  

 

Pero claro,

este solo es mi sueño.

Tú, ni te percatas.

Solo te cruzas con alguien.

Aunque,

justo al coincidir los dos,

te paras,

y sin más,

preguntas:

¿en serio que me quieres?

¿es de verdad que me amas?

 

ABG

 

 

20 de junio de 2020

 

 

 

 

Encuentro. Llegada

Llegada

Ya llegué a tu ciudad. A ver si encuentro el hotel. Estaba en el casco antiguo y espero poder entrar bien con el coche, ¡Genial ahí está! ¡Qué bonita plaza! Estoy deseando subir mis cosas a la habitación y salir a dar una vuelta. 

Bueno, pues ya estoy aquí. El de la recepción me ha indicado varios sitios y resulta que estoy en el centro de todo el meollo, estoy en el corazón de la villa. Vaya tarde que he pillado. Salí lloviendo y desde la mitad del camino he tenido un cielo limpio de nubes con un sol espectacular. Y ahora mismo, cuando el sol se está metiendo, aparece ese cielo rojizo que hace que uno quiera ir hacia él. Pero yo qué va, ¡qué bien me siento aquí! Estoy en el sitio que quiero estar, donde he soñado estar tantas veces.

Cuántas veces he mirado al horizonte o he visto ponerse el sol, y he pensado que quizá tú estarías mirando lo mismo, en ese mismo momento, desde tu espacio. Hasta puede que al verlo, en alguna ocasión, te acordaras de mí. Supongo que seguirás pensando que las cosas bellas de la vida son las cosas que demasiadas veces se nos escapan, que a menudo no sabemos apreciar, que las tenemos siempre ahí pero olvidadas, que son, casi siempre, cosas sencillas de ver y de hacer,  pero no de valorar. Por eso disfruto de estar aquí, viendo este cielo rojizo desde esta terraza de bar, tomándome un estupendo vino y degustando un pincho de patata con bacon, no sé si muy saludable, pero sí sabroso.

Desde mi observatorio estoy viendo pasar gente, bastante gente por cierto. Es martes y son las ocho de la tarde, y no pensé que habría tan buen ambiente por aquí. Estoy en una plazuela con dos terrazas y con varios bares y algún restaurante en las calles adyacentes. He visto que las tiendas siguen abiertas. Supongo que estarán a punto de cerrar. Quizá cierren a las nueve.

No sé muy bien cómo expresarlo, pero estoy y me siento muy a gusto, me siento libre, y no me siento nada solo.

Acaban de empezar a tocar muy cerquita de mí unos músicos. Suenan muy bien.

A disfrutar del momento. Voy a pedirme otro vinito.

ABG

 

 

10 de abril de 2020

 

 

 

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