En Tierra de Campos nació mi Navidad, entre escarcha, campanas y silencios; los pueblos guardaban viejos juramentos de ayuda fiel, sencilla y fraternal.
Campos dorados duermen su lealtad, olvidados por trenes y por tiempos; había corrillos, manos y alimentos, y el vecino era casa, era cordialidad.
Vuelve la infancia al fuego del hogar, la voz de los padres, el pan recién cortado, la calle estrecha, y el teleclub donde esperar.
Navidad es recuerdo compartido: ser niño, y ver que el mundo fue cuidado por gente buena… aunque se haya ido.
El día 11 de septiembre de 2025 tuve el grandísimo honor de dar el pregón de las Fiestas de Moral de la Reina, mi pueblo, en honor al Cristo de los Afligidos. Quiero agradecer a todos el cariño recibido. Fue un día que no olvidaré. Un reencuentro muy emotivo. GRACIAS.
Poema compuesto para la Revista «Nazareno» de la Real Hermandad de Jesús Nazareno con motivo de la Semana Santa de Ponferrada 2025.
Un nazareno cualquiera. Un destino que tocó. Una cruz que mucho pesa. Una vida y un dolor. Un nazareno que sufre por alguien que ayer perdió. Y una madre a la que cuesta aceptar lo que pasó. Mirando a Cristo en la Cruz, viendo a La Madre llorar, parece que ven la luz, parecen encontrar la paz.
Más nazarenos como él, orgullosos de allí estar, le ayudan en el camino, y le alivian su penar. Al compartirlo entre ellos su peso se hace liviano y el paso pueden llevar. La conjunción en su marcha los lleva a un mismo destino, juntos siempre, y sin parar. Caminando hacia ese Cristo, que les señala el camino, que les ayuda en su andar.
Son humildes porteadores, que nos hacen ver a todos el amor que es de verdad, el que alivia el sufrimiento, el que nos hace avanzar.
Todos somos nazarenos. Todos llevamos la cruz. Todos necesitamos a otros, que compartan nuestra pena, que nos hagan ver la luz.
Los nazarenos se ayudan por sentir cerca el dolor, la muerte, la desesperanza, la Pasión, el Gran Amor. Un amor que año tras año les acerca tanto a Dios.
De esta forma siempre entienden que el dolor se hace menor, cuando otros semejantes te acompañan y te ayudan, con amor, con devoción, a soportar esa carga, como tú lo hiciste antes, como tú lo harás mañana. Como todo nazareno.
Y lo harás si es necesario. Y sentirás muy adentro las palabras de ese Hijo, la mirada de la Madre, que desde el cielo agradecen que les portes de ese talle.
Porque portar, sólo no es eso. Los nazarenos lo saben: Portar es hacerse uno, es comunión confortable. Es acompañar al Señor, es aceptar su Perdón, es abrirse y no cerrarse. Es despertar a la luz. Es vivir para entregarse.
Un nazareno cualquiera, un humilde porteador, un hombre como otros tantos, un amante, un soñador. Su fe le hace escuchar. Y oye a Jesús que le pide, que le pide y le agradece: no dejes de caminar. Lleva mi cruz nazareno, acompáñame en mi andar. Algún día, te aseguro, a mi lado tú estarás.
Navidad. La del vuelve a casa vuelve. ¿Dónde está esa Navidad? La de la ilusión grande por verte. De encontrarme con amigos. De sentirme en el hogar, y disfrutar de un mal vino.
No sé qué podrás pensar, si sentirás el ayer, pero hoy, esta Navidad, con sus calores y fríos, con sus luces deslumbrantes, sus pelis y villancicos, no me provoca pasión como aquella Navidad.
Cierta templada alegría. Una chispa de ilusión. No la explosión que sentía al ver de nuevo un amor. Un amor que tiempo hacía con mucha pena marchó. Entusiasmo al encontrarme con amigos del colegio por las calles que paseé, de un pueblo antes repleto de gente que conocía. Personas que ya no veo. Personas a las que quería. Ausentes esta Navidad.
Hoy, en estos días de fiesta, con calles llenas de gente, me acuerdo mucho de ellos. Se fueron para no volver, ni siquiera en Navidad. Ni siquiera en Noche Buena. Pero últimamente me acuerdo de todas nuestras andanzas, de todas las peripecias. Cada año un poco más.
Y pienso qué será de ellos. Y me agrada imaginar que ellos seguro se acuerden de esa misma Navidad. De una Navidad completa, de personas. Sin ausencias.
Navidad, que con el tiempo se pierde, aunque siempre se recuerda. Navidad que puede vuelva, si disfrutamos de aquellos con los que poder pasar una Navidad repleta. De aventuras y emociones. Y de sensaciones tiernas. Como las de años pasados.
Por los de ayer, por los de hoy. ¡A vivir la Navidad! ¡A disfrutar de las Fiestas!