Clausura

Plaza de La encina

 

Ciudades tristes,
pueblos dormidos.
Gentes ausentes,
escondidas en sus vistas,
absorbidas por un mínimo.
La vida que resucita
en primavera venida.
Sin ya recuerdos de antaño
por ser tiempos tan remotos,
ausentes,
desde un espacio mayúsculo.
Olvidados para el hombre.
Un natural devenir
que abre paso a la vida
de una tierra afligida,
amordazada en su voz,
y harta ya de su castigo.
Con ganas de rebelión,
de vida plena de nuevo,
sin corazas transgresoras
mutiladoras de esencias,
de condiciones del ser.
A ver si sabemos ver,
que somos gentes de paso,
de escalones diminutos,
capaces de provocar
tropiezos a un devenir
imparable e inesperado
en un tiempo tan inmenso.

 

19 de abril de 2020
Tiempo de cuarentena

Hojas marchitas/ Muerte serena

 

Hojas marchitas … nuevos caminos

Marchita la hoja resiste
por apurar su vivir.

El camino se termina
y el caminante cansado
lo abandona y se despide.

La luz del hogar se apaga
y la tertulia termina.
La familia reducida
se entristece en el recuerdo
de un tiempo que agonizó.

Aquellos ratos de antaño
quedan en nuestra memoria,
aunque,
no solo están los recuerdos
de despedidas y ausencias.

Tenemos nuevos momentos
que seguirán provocando
nuevo tras nuevo vibrar,
y así durante todo el tiempo
mientras nos dure el camino.

Momentos que mantendrán
nuestras ganas por vivir,
ganas para iniciar
caminos nuevos que abrir
que debemos recorrer
para poder terminar,
y seguro que después
volver también a añorar.

Y es que al ver reverdecer
la hoja,
en otro tiempo marchita,
entendemos,
que lo mejor de la vida
es vivir cada momento,
disfrutando de esa luz
que siempre reaparece
tras una noche que enseña
un punto de reflexión,
un silencio necesario,
que nos hace comprender
el sentido del andar,
la grandeza de seguir,
y percibir sin querer
la música maravillosa
que aún está por componer.

Muerte serena

Dicen que no te merezco,
que soy poco para ti,
que nací pobre y perdido
y que así he de morir.
Moriré como otros tantos mueren:
Solos y abandonados,
y sin la vida sentir,
pues,
cuando aparece la muerte
ni ricos, ni con cariño,
el morir es el morir.

No sentiré estar muerto,
ni ser pobre ni querido,
ni recordado siquiera.
Solo volveré a ser tierra.
Y se acabará el vivir.

¿Y mi enfado de qué sirve?
Pues de nada para mí,
ni de nada para ti,
porque el morir pronto llega
y el despertar al morir
nada o poco consuela
habiendo tenido un tiempo
más grande para vivir.

13 de febrero de 2020

Cultura vivida

 

Gloria Fuertes

 

Poetas que vais de divos, escritores de la esencia.
Jurados necios de pobres ilusionados bisoños.
Críticos con los sencillos versos. Inventores de poesía.
Poetas de amplios vocablos,
de figuras retorcidas,
de sentidos escondidos,
de la poesía sin rima.
Autores de cultos textos,
que seguro estudiará algún futuro erudito.
Quizá podáis transcender a la propia existencia,
lo cual sin duda está bien,
pero no sois solo vosotros,
solo vosotros poetas.

Estáis en todos fregaos,
la cultura es siempre vuestra.
Siempre podéis criticar.
Sois “progres” de toda vida.
De padres siempre educados.
Vuestra cultura es la viva.

¿Podíais alguna vez pensar
en esa gente sencilla?
¿Podíais alguna vez pensar
que la cultura en verdad
no es solo vuestra cultura?
Basta ya de despreciar
lo que pensáis que es banal,
cuando solo es comprensible.

También hay otra cultura.
Esa cultura espontánea,
esa que es tan natural,
una cultura vivida.
Bella por su sencillez
y a la vez por ser sentida.
Sentida, vivida, sencilla,
y además aporta vida.

 

Mayo de 2019

Bullicio (El sueño de la razón produce monstruos)

El sueño de la razón produce monstruos (Francisco de Goya) Museo del Prado

 

Como una callada ausencia
me desdoblo en el silencio,
busco en el bullicio del alma
el fin de un desasosiego,
que hace algún tiempo resuena
aunque siempre estuvo adentro.
Mis temores no se espantan,
sí que a veces se refugian
en cuevas y nidos viejos.
Son todos bien conocidos
y también muy respetados,
pero siempre combatidos.

De vez en cuando se olvidan
pero,
después de un dormir latente
aparecen como nuevos.
Luego y muy serenamente,
esos temores me dejan,
y puede que un día regresen
como hechos ya realizados
de un acontecer dolido.
Sin embargo y hasta ahora,
he logrado levantarme,
buscando entre mis adentros
la luz del alma escondida.

Esta sociedad espanta
cuando la miras de afuera.
Hay que mirar desde adentro
y salir para comerla.

 

29 de marzo de 2019