Cierro los ojos y veo. Tu cara me sonríe. Tus labios se aproximan. Tu boca me susurra. Espero un poco más. Abro los ojos. Te has ido.
Me escondo en mi vergüenza. Desafío al más tímido. Siento no poder hablarte. Me paralizo. Después, cuando ya te has ido, me atrevo.
Escucho tu nombre y me sonrojo. Te veo aparecer y tiemblo. Me sonríes y me achico. Te vas y desespero. ¡Otra ocasión perdida! Te amo, me alegro y luego ... lloro.
Siempre en silencio. ¿Qué puedo hacer? No lo sé, pero te amo, y no me atrevo.
Te sueño niña, te sueño. Te quiero niña, sólo te quiero. Tanto, tanto, que me duele. Pero no dejaré de quererte. Eres mi canción, mi poema, mi oración. Y me acuerdo, mucho niña, mucho me acuerdo, de tu bello corazón.
¿Por qué niño, por qué? Sencillo. Eres mi ángel. El amor de mi vida. Mi ilusión y mi esperanza. Mi deseo y convicción. Caminaré siempre, si tú quieres, junto a ti. Y si no, recordaré tu sonrisa. Aquella que tu cara iluminaba cuando al mirar nuestra estrella te acercabas. Y me decías: --Niño ¡cómo me gustas! Y yo te besaba. --Niño, bésame otra vez. --¡Cuando pase algún cometa! Tú te reías, y tu cara apartabas. Luego, me respondías: --Hasta que vea un cometa. En seguida, un cometa que pasaba. O al menos eso decías, a la vez que tus labios a los míos, deseosos, acercabas.
Te extraño niña, te extraño. Aunque no estés siempre serás mi sol. Siempre te tendré en mi alma. Y si me preguntas: ¿por qué? pues ... porque sí, porque si no, no existiría, no sería yo.
Hoy me acordé de ti. Estaba leyendo nuestros poemas. Y me acordé de ti. Tu cuerpo rozando el mío. Tú susurrando en mi oído, con la voz más bonita del mundo, un poema.
Hoy me acordé de ti. Te llamé por teléfono. Te susurré un poema de amor. Y lloramos.
Sé que nuestro amor fue ideal y real. Sé que nunca lo olvidaremos. Y sé que te quiero.
¡Tus ojos verdes, tus ojos!
Como el viento de verano
cuando el sol está saliendo.
Me trasladan a un estado de
alabanza y plenitud.
Me hacen pensar que yo puedo
caminar, como tú hiciste,
sin mezquindad en la entrega,
sin reprimir sacrificios,
sin esperar recompensas.
Para muchos cuesta mucho,
para algunos nada cuesta.
Para ti sólo supuso
la alegría en esta tierra.
Tus ojos verdes, tus ojos.
Ellos transmiten tu esencia,
simpatía y confianza.
El sentir de una existencia.
La paz a aquellos que miran
tus ojos de primavera,
de otoño, invierno y verano.
Y hasta de estaciones muertas.
Que sólo ya
¡y aún nos muestran!
sólo en un viejo retrato
la bondad en su grandeza.
¡Ay tus ojos verdes, tus ojos!
Que me llevan y enamoran.
Me guían y me despiertan.
Ayer te volví a ver.
Después de tanto tiempo.
En principio quise hablarte.
Pero me escondí. Tú me viste.
Y como antaño, enamorados,
nos amamos.
Hoy desperté. Recordé
mis sentimientos hacia ti.
Y me volví a ir.
Quise haberte mentido.
Irme diciéndote que ya no.
Que ya no te quiero.
Que fue un tiempo que pasó.
Que se acabó aquello.
Pero no pude.
Porque solo has sido tú.
La chica a la que quise.
De la que me enamoré.
Por la que algo lloré.
Por la que siempre viví.
Con la que siempre soñé.
¡Ha pasado tanto tiempo!
¡Y tanto me cuesta volver!
Aunque sigues siendo tú.
Quien me incendia por dentro.
Quien me sigue sonriendo.
Quien me lleva hasta el cielo.
Quien me deja indefenso.
Y sin ti, solo mantengo.
Y me cuesta vivir.
No siento
Quisiera componeros versos que os recuerden quien soy.
Quisiera encontrar la música y escribiros mi canción.
Quisiera que nunca dudarais que siempre fuisteis Amor.
El amor que sin quererlo rebosa del corazón.
El amor que nunca acaba.
El que hace que uno se olvide
de todo lo que el mundo ofrece,
sin ninguna otra pretensión.
No espero que sea devuelto,
ni agradecido si quiera,
quizá solo recordado
cuando se apague mi voz.
Sabed que sois mi luz.
Y mi luna. Y mi sol.
El sol que de día brilla
y te señala el camino.
También aquella luna perfecta
que te ilumina en la noche,
y te transporta hacia el cielo.
Y que al verla te enamora.
A veces hasta susurra
entonando una canción.
Aquella que que yo querría
componeros a los dos.