Qué pena

 

 

¡Qué pena!
Recuerda niño que mi alma
está llorando por ti.
Estás tan lejos ahora
que no me podrás oír.
No obstante, mi bello niño,
mi alma, siempre, junto a ti.

¡Qué pena!
A pesar del lejano exilio
te sentiré siempre aquí,
aquí cerquita, a mi lado,
ahora  y siempre junto a mí.
Siento mucho no escucharte,
ni nada poderte decir.

Sólo,
con estos sencillos versos,
desahogo mi pesar,
mi enorme pena dolida.

Sólo,
intento poder mostrar
todo,
casi todo mi sentir.

Versos 
que sé, no podrán llegarte,
pero nunca están de más.
Aquel día que marchaste,
nos dejaste un gran dolor,
una eterna amargura.
Se acabó nuestra ilusión.

¡Qué pena!
No te pude acompañar,
y te llevaste contigo
mi mitad del corazón.
La otra mitad siempre llora
recordando con pasión
tu dulzura,
tu inocencia,
tu bondad,
tu comprensión.

¡Qué lástima!
Como aquella niña guapa,
que camino del colegio
iba de muy mala gana,
y aplastaba su carita
en la ventana,
para que luego el poeta,
un León de la poesía,
su triste historia contara.

¡Qué lástima!
Ojalá pudiera ser
que en aquel lugar se vieran,
y jugaran muy contentos
por no tener que ir
a la escuela.

Sólo
asistir a alguna clase
para leer algún verso,
y así entonces el poeta
ejerciera de maestro.

 

 

3 de abril de 2017

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