En tu tumba

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Al acercarme a tu tumba
tu silencio hace que llore.
El alma se me estremece
y no me salen las voces.
Me gustaría encontrar
alguna  palabra bella
que expresara mis recuerdos,
que pudiera describir
lo que ahora y siempre siento
cada vez que pienso en ti, 
cada vez que a ti me acerco.

Al visitarte en tu tumba,
al recordarte en silencio,
al plantearme la vida
siempre pienso,
siempre siento
que te marcharas así,
sin el reconocimiento
que merecido tenías.
Pero la vida es, ya sabes,
un camino pasajero
cuyas huellas más valiosas
no son las que a veces quedan
permanentes por más tiempo.
Ni siquiera las más grandes.   

Tú eres mi guía, mi camino
y mi morada.
El espejo en que mirarme,
y el alma que me acompaña.
A veces me siento solo,
caminante sin destino,
peregrino hacia la nada.
Pero enseguida recuerdo
que tu siempre me acompañas.

Qué difícil es hacer que se nos ame.
Qué sencillo fue hacer que se te amara.
Siempre, y para siempre, ejemplar,
feliz a pesar de todo, 
bondadoso y de fiar.
Tras la humillación dolida,
tu siempre te levantabas. 
Hacías pequeño el problema
y que nunca se notara.

No puedo romper mi duelo.
Sí acordarme de tu ejemplo.
Eres como ese día soleado,
el de amanecer precioso,
que brinda un atardecer
deslumbrante para todos. 

Solamente con tu ejemplo.

Tu silencio hace que llore,
pero quiero ese silencio
sin ruido que al mismo estorbe.

A mi padre

10 de julio de 2018

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