Pedazos de cielos

INSTANTES DE GLORIA

Te escribo, te amo.
Me marcho, te olvido.
Camino que paso,
que siento vacío.
Que dejo de lado,
y ya no retomo.

Al lado del río
se ve la corriente
del agua sin pausa,
que se va y no vuelve.
Si el agua pensara …
¿querría seguir?
Puede que parara
por algún instante,
para contemplar
desde un punto fijo,
el ir de las vidas
de esos caminantes,
que pasan de largo
por este camino.

Podría observar
a gente que casi nada habla,
con gesto sombrío.
A otros que, en compañía
caminan despacio,
comentando todo,
o solo escuchando
cerrando sus ojos.

Pero el agua sigue.
Provoca el sonido
que acompaña siempre
al canto de pájaros,
al sonar de hojas
movidas por vientos
del aire que sopla.
Sonidos que así,
envuelven silencios,
y hacen que se piense
que la vida es corta.
Aunque con un solo un instante
en este camino
nos basta y nos sobra,
para poderte escribir
estos simples versos,
que ya son los de otra.

Se marcha la tarde,
regresa la aurora.
El tiempo se pasa,
la vida se torna.
Nace un sentimiento,
termina una historia,
y en el medio quedan
esperanzas rotas.
Momentos que fueron
pedazos de cielos,
instantes de gloria,
soñados de niño.

De ese niño triste
que creció en silencios
soñando con cielos,
buscando la gloria,
escribiendo versos,
componiendo estrofas.

Alberto BG

24 de junio de 2020

Día de San Juan. Tarde lluviosa

Abro los ojos

 

 

Abro los ojos.

Miro el reloj.

Son las siete.

¡Vaya!

Levanto persianas y corro cortinas.

Entran los primeros rayos del sol.

Me siento bien,

con fuerzas de empezar el día.

Con ganas de disfrutar

de una preciosa mañana.

Me aseo.

Tomo un zumo.

Me voy a pasear.

 

¡Qué olor a mañana nueva!

¡Qué delicia de brisa fresca!

¡Qué sensación de libertad!

 

¡Eres tú!

A lo lejos te veo aparecer.

¡Me voy a cruzar contigo!

¡Qué ganas de vivir!

Concentro la mirada.

Acelero mi paso.

Me pongo a soñar.

Imagino quién eres.

A qué te dedicarás.

Imagino que al verme,

igual que me pasa a mí,

se te alegra más el día.

 

Pienso que, 

quizá alguna vez sueñes conmigo.

Me sonrojo.

 

¿Quién sabe?

Quizá ni te acuerdes de mi tropezón,

de aquel no tan lejano día,

de la coincidencia de nuestros caminos,

de mi torpeza y de mi caída, 

y de cómo apareciste.

Me ayudaste a levantarme.

 

¡Ah!

Y tu simpatía.  

De cómo no pude evitarlo,

y sin más,

te solté que eras preciosa.

Que te quería.

Que te amaba.

Que nunca te olvidaría.

Tú me sonreíste.

Y seguiste andando.

Mientras,

yo te contemplaba.

Miré hasta que perdí tus pasos.  

 

Pero claro,

este solo es mi sueño.

Tú, ni te percatas.

Solo te cruzas con alguien.

Aunque,

justo al coincidir los dos,

te paras,

y sin más,

preguntas:

¿en serio que me quieres?

¿es de verdad que me amas?

 

Alberto BG

 

 

20 de junio de 2020

 

 

 

 

de Alberto Blanco González Publicado en Amor, Poesía