Distantes

​En la corta lejanía, 

me atormenta la distancia. 

Juntos, y a la vez distantes. 

En un recorrido corto 

nos perdemos sin reencuentro. 

En espacio, tiempo unidos, 

y tan lejos separados. 

Y es que ya el tiempo pasó, 

y nos pilló a paso cambiado, 

y después de tantos pasos 

se acrecentó más el cambio. 

Quizá la culpa no exista, 

sólo un error de principio.

Nuestras líneas, como todas, 

algunas curvas advierten, 

pero nunca coincidieron,

a veces ni convergieron,

y por eso,

y por momentos,

juntos, y a la vez distantes.

  


28 de julio de 2017

Te fuiste

 

Las estrellas que brillaban  ya no lucen. 

A las flores, girasoles y margaritas, 

sólo creo ver llorar. 

El verano terminó y tú te fuiste. 

Ahora el campo me parece todo igual. 

La poesía de tus ojos mucho extraño, 

tu cara tan bonita de mi mente no se irá. 

Te veré por las noches a mi lado. 

Hablaré siempre contigo al despertar.

 

26 de julio de 2017

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

La solana

Un pueblo más desolado
por las gentes que se han ido.
Sus casas abandonadas,
las calles todas vacías,
sólo con algún escombro
de alguna tapia caída.
En ese solitario pueblo,
no hace mucho tiempo aún,
algunos niños nacían,
y en sus amenas solanas
se comentaban los hechos
que por allí acaecían.
Solanas de parlamento,
donde se hablaba de todo,
de la bondad de su campo,
de si el tiempo acompañaba,
de algunos que otros muchachos,
y también de las muchachas;
de las cosas de la mili,
del hambre de pasados tiempos,
de los líos de familia.
Tertulias de cotilleos,
de gentes que conocían
la vida entera de todos,
y en el parte la solana
se contaban sus desdichas,
y si estas no existían,
daba igual, las inventaban.

Sólo quedan los recuerdos,
junto a esas casas sin gente,
junto a esas tapias caídas.
Los recuerdos de paisanos,
que desde niños vivieron
el privilegio del campo,
del adobe de la tapia,
de los trigos y manzanos,
de la amapola y la encina,
del labrar con el arado.

Recuerdos de aquella época,
de su vida, la más dura,
que ahora resultan más dulces,
con el pasar de los tiempos.
Muchos de ellos imborrables,
por las personas ya idas,
por ser recuerdos hermosos.
Duros, hermosos o dulces,
pero sólo ya recuerdos
de ese pueblo abandonado.

 

25 de julio de 2017

Al amor


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Mientras hoy observo el mar 

pienso qué me ofrecerá el destino. 

Quizá te vuelva a encontrar, 

quizá sigas para mí perdido. 

En mi cabeza aún estás, 

y por eso es que te escribo. 

Para mí siempre serás 

como una historia de niños. 

De niños por la inocencia, 

por la sencillez en todo, 

por caminar sin premuras, 

por no buscar acomodo, 

por la ausencia de mentiras, 

por la ausencia de abandonos,

por la verdad de presencias, 

de las palabras sentidas;

por un compartirlo todo, 

lo mismo las alegrías, las penas,

las fatigas y los gozos.


No sé si todos lo sienten, 

pero yo sí lo sentí, 

y por eso conformarme 

es sin duda para mí, 

una triste decepción. 

Cuando tú apareciste, 

siempre fuiste lo primero; 

el resto, un segundo plano. 

Ahoro sólo, un recuerdo.  


18 de julio de 2017

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

III Certamen de Poesía “El Ultimo Templario del Bierzo, El Señor de Bembibre”

 

Gracias a la Asociación Caballeros Bergidum Templi por el reconocimiento a mi poema. Gracias a ellos y al Ayuntamiento de Bembibre, así como al resto de personas que nos acompañaron, por una noche mágica en memoria de Enrique Gil y Carrasco, en el 202 años de su nacimiento.

En la noche del 15 de julio de 2017 tuve el honor de leer mi poema ante la escultura de Don Alvaro y Doña Beatriz, ilustres personajes de la obra “El Señor de Bembibre”. GRACIAS.

REPRODUZCO EL POEMA PREMIADO

 

El Lenguaje del Silencio
Mientras El Bierzo se quema

El silencio empezó a hablar.
Como ya nadie escuchaba,
decidió hacerse notar:
Creó un hermoso valle
para poder reflejar,
que el tiempo se para ante él,
que allí se puede entender
lo que es la auténtica paz.
Sin palabras, sin palomas dibujadas.
Sólo sosiego absoluto,
sólo calma y armonía.

Su grandeza se percibe,
su bella naturaleza.
No necesitarás más.
No encontrarás estructuras
para poderlo expresar.
Sólo silencio. Nada más.
¿Para qué salir de allí?
Ningún lugar es mejor.
La magia en el valle está.

Los peregrinos que llegaban
con sus mochilas vacías,
regresaban a su casa
desbordantes de la vida,
y del silencio encontrado
en su andar por este valle,
y sus encantados montes.
San Genadio y eremitas
aprovecharon su tiempo,
y encontraron en silencio
su sentido de la vida.

No hace mucho el valle ardía.
Y todo El Bierzo lloraba.

El Bierzo se iba quemando
con el arder de estos montes,
con el olvido de muchos
que su ignorancia perdona.

Llora Bierzo y no te quemes.
Olvida a todos esos ingratos,
pero no olvides tu historia.
Recupera tu pureza.
La magia en tu tierra sobra.
Intenta despertar berciano
y que el silencio te ayude
a distinguir en las sombras
las palabras palabreras,
con sus formas y retóricas,
de los silencios de pueblos
y de la tierra quemada,
de las calladas de gentes
que sienten de corazón que
El Bierzo se está quemando.

Hoy el valle sigue ardiendo.
Y todo El Bierzo lo llora.
El silencio está hablando.
Escuchémosle;  también llora.

 

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía

Luna llena

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Luna llena que revives
mis recuerdos de verano,
ya hace tiempo algo perdidos,
nunca del todo olvidados.
Noches de pasar al fresco,
de verbenas en las plazas;
y en lugares emblemáticos
los conciertos, las terrazas,
esos cines de verano.

Esas noches tan calladas,
en ese pequeño pueblo,
donde el cielo se percibe
con su inmensidad de estrellas,
que te lleva a imaginar,
a viajar por tus deseos,
a sentirte muy pequeño
y a la vez afortunado.

Viendo tumbado en el campo
sobre la hierba tan fresca
todo ese firmamento,
esas pequeñas estrellas.
Tantas y tantas luces,
que descubren la grandeza
y demuestran lo que somos,
un simple grano de arena.

Imagino que aún recuerdes
cómo se nos iba el tiempo
buscando nuevas figuras
con las estrellas de agosto,
mientras prometimos siempre
recordar esos momentos
en las noches despejadas,
cuando mirando hacia el cielo
viéramos esa luna llena,
y esas luces tan pequeñas,
tan bellas, tan numerosas.

Y claro, y para que lo sepas,
y no dudes que es por ti,
nuestra bella casiopea.

 

11 de julio de 2017

de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

El momento de la vida

 

Entre momento y momento
sentido, disfrutado, o
solamententre vivido.
Entre pesar y pesar,
se pasa el vivir tan breve,
que más tarde o más temprano
hasta el recuerdo se pierde.

La verdad se distorsiona,
no menos el sentimiento.
El hombre cree entender
la levedad de su tiempo.
Sólo acepta un hombre sabio
la cortedad de su ser.

El astro rey aparece
cada día que revive.
Cada tarde que se marcha
su puesta nos maravilla.
Las flores en primavera,
tan vivas y esplendorosas,
tan preciosas coloridas.
Luego en muy poco tiempo
se marchitan y se mueren.
Enseguida, otras nacen,
iguales de esplendorosas,
lo mismo de coloridas,
y puede que más hermosas.

La vida nace y se muere
en el mundo cada día.
Unos van, otros vienen.
Una y una, y otra vez,
desde antes, y hasta siempre.

Atesora el miserable,
roba a su vida la dicha,
no disfruta del momento.
Es una historia muy larga,
pero siempre repetida.
Y de nuevo a empezar,
aunque los de aquí no vivan.
Idiotez es el pensar
“mañana será otro día”,
idiotez, quizá,
o quizá sabiduría.

El momento de vivir,
breve, muy breve será,
pero cierto es el decir,
que tiempo nos sobrará.
Si apreciamos los tesoros
que la vida nos enseña,
disfrutaremos del tiempo,
beberemos la bebida
más rica y más refrescante,
tendremos en nuestras manos
la belleza del instante.
No nos interesarán secretos
de piedras filosofales.

La alegría por vivir,
aunque sólo sea un momento,
es el único tesoro.
La amargura de la vida,
no es más que una vida exigua
al quitarla toda risa.
No dejemos de pensar que,
aunque las flores marchitan,
aparecen unas nuevas
todavía más bonitas.

5 de julio de 2017

Amapola

Amapolas en el campo de Moral

Amapolas en el campo de Moral

 

Bella amapola  que enseñas tu rojo color al viento.

Entre todo el trigo verde luces esplendorosa.

Tu suave ligereza es envidia del terreno.

Tus sublimes movimientos

explican lo que es hermoso.

De pueblo como lo simple,

pero auténtico como el pueblo.

Linda, bella y no orgullosa.

Sencillamente perfecta,

sencillamente hermosa.

 

1 de julio de 2017