Tu recuerdo

 

Un amor primero, un beso robado.

Un beso inocente, un amor cegado.

La luna que luce, tu cara parece.

El sol se refleja en tu falda alegre.

Descubre tu pecho la lluvia en verano.

Me siento dichoso de estar a tu lado.

 

29 de mayo de 2017

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de Alberto Blanco González Publicado en Poesía Etiquetado

Por todos esos muertos

En noviembre de 2015 con motivo del atentado en París compuse el poema que repito a continuación en homenaje a todos aquellos jóvenes y no tan jóvenes que mueren víctimas de atentados tan dolorosos como aquel de París y el de Manchester de ahora.

Además del dolor que provocan nos debe llevar a reflexionar sobre su origen, y sobre qué se podría hacer para que no se repitan.  Mi reflexión al respecto es muy clara, y aunque me limite a expresar algo de mi sentir en el poema, creo que al menos debemos plantearnos el mundo que queremos, y que quizá debamos intentar suprimir esas fronteras y muros económicos y de otro tipo entre los seres humanos.

Te estuve esperando …
Creí que vendrías …
Mientras, …
Fui recordando …

¿Te acuerdas cuando de niños
jugábamos y reíamos,
corríamos y saltábamos,
reñíamos, nos pegábamos?
Luego nos perdonábamos.

¿Te acuerdas?
Eramos niños.
Eramos niños amigos.
Y nos queríamos.

Te estuve esperando …
Creí que vendrías …
Mientras …
Estuve pensando …

Alguien me dijo que pagarías.
Por tu insolencia, por tu descaro.
Ahora recuerdo también que,
alguien me dijo que no vendrías.
Por tus ideas, por tus creencias.
Por sólo eso, … te matarían.

Alguien me dijo que te mataron.
¡Oh sí, que  te mataron!
Aquellos mismos niños que te querían.

¿Por qué odiamos
a aquellos con los que de niños
jugábamos, reíamos,
corríamos, saltábamos?

Eramos niños que reñíamos,
nos pegábamos,
pero que enseguida
nos perdonábamos.
Porque éramos niños que nos queríamos.

¿Por qué entonces matamos?
Matamos a semejantes.
A algunos que incluso amamos.
A los que no conocemos
¿Por qué razón los odiamos?

A nuestros niños pequeños.
A toda la gente honrada.
A tanto y tanto hombre bueno.
Que muere de forma absurda
sin nada “pa” merecerlo.

Hombres y niños matados
sin ningún remordimiento.
Por hombres que fueron niños,
y pudieron ser amigos 
de los que ahora están muertos.

Frases


El sonido del silencio me conforta.

El no oír a los que gritan me atormenta.
La soledad entre la gente me preocupa.
Los llantos de los niños me rebelan.
La bondad del humilde me la creo.
La palmadita del pelota me molesta.
El malhumor del mutilado lo comprendo.
La palabra del político, una mierda.
El valor de la vida, lo primero.
El fin de alguna vida, despreciable.
El desprecio a los pobres, miserable.
El valor de la palabra, una rareza.
El dinero sin dudarlo, al avaro, al miserable.
La alegría de la vida para el resto de mortales.
La esperanza en la vida no la pierdo.
El amor sin interés, el de los padres.
La felicidad se encuentra,
si se entiende, en cada instante.
La honestidad, a día de hoy, ya no se lleva.
Tu amistad, para mí, es lo importante.

Esperanza

20 de mayo de 2017

Un amor, un amigo (III)

Después del baile en La Paloma y tras tomar algún cóctel de cava en algún local cercano a la sala, acabamos los cuatro “para el arrastre”. Expresión, recuerdo, que a Jose la resultó muy graciosa. No paraba de reír. A esas horas y después de todo el recorrido cualquier cosa nos parecía graciosísima. El caso es que estábamos tan cansados, que no quedaba otra que retirarnos, irnos a casa a dormir, o a intentarlo al menos. Ariadna y Jose no vivían cerca la una de la otra, y con esa disculpa decidimos, no sé cómo,  coger dos taxis, uno por pareja. Yo acompañaría a Ariadna y Manuel a Jose.

Ariadna y yo, de camino a su casa, decidimos hacer una última parada. Habían abierto una granja (chocolatería- churrería) al lado de su portal, y nos permitimos el placer de tomarnos un chocolate con sus correspondientes churros. Cosa que a mí me gustaba y a la que estaba acostumbrado, pues era algo que solía hacer por Valladolid, y que me apetecía especialmente porque era disfrutar un pequeño rato más, y a solas, con aquella bella chica.

Mientras nos tomábamos aquellos sabrosos churros mojados en el chocolate, que me parecía una delicia de sabor, hablamos de nosotros. Y como dice mi admirado Melendi en una de sus estupendas canciones: “los borrachos y los niños dicen siempre la verdad” Por eso quizá,  porque teníamos varias copas encima, o quizá fuera porque tenía que ser, la cuestión es que en aquella granja, tomando un chocolate, nos besamos. Nos dijimos que nos gustábamos, y creo que nos tembló todo el cuerpo a los dos.

Después dejé a Ariadna en el portal y esperé a que desde su casa y por el telefonillo me dijera adiós. Me fui hasta casa andando. ¡Qué hermosa me parecía Barcelona! Todo me parecía genial. Muchos como  yo iban de retirada, pero no creo que llevaran una sensación como la mía. Una sensación que es difícil de expresar, pero fácil de entender cuando se está enamorado, y cuando a la vez se siente uno correspondido por el ser más importante para uno, y el  más bello de la tierra en ese momento. Increíble, fantástico. Qué paseo hasta casa. Me permití hasta saludar al templo de la Sagrada Familia. Y lo curioso es que creí que me respondía.

Llegué a casa y sin hacer ruido me metí en la cama. No pensé en Manuel para nada. Al día siguiente me desperté a la hora de la comida, y en casa sólo estaba yo.

Me preparé un sándwich mixto, y con una naranja de postre comí. Después me senté en mi mesa de la habitación con un café largo y me puse a escribir la nota que hasta no hace mucho conservé y que más o menos decía:

Pensando y soñando , deshojando margaritas. Tu sentimiento: ¿de amor, o sólo de simpatía?  A veces confuso, a veces ilusionado. ¿Qué me has dado? No consigo centrarme en otra cosa distinta. No hace mucho tenía mis inquietudes, mis cosas en la cabeza, pero todo controlado. Ahora como te he dicho, estoy confuso, a veces sí, ilusionado. Por eso necesito tu respuesta. ¿Te gusto o no te gusto? ¿Me quieres o solamente me aprecias?

19 de mayo de 2017

de Alberto Blanco González Publicado en Relatos