Es Navidad también en Alepo

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Es Navidad.
Días y noches de Navidad,
tristes y alegres, pobres y ricas.
Celebradas y maldecidas.
Impías o indiferentes y devotas o festivas.
Casas calientes, casas frías.
Exiguas viandas, espléndidas comidas.
Calles con luces, calles con risas
con villancicos sonando
con alegría.
Niños con padres, con hermanos
en familia
esperando sus regalos
disfrutando de esos días.

Es Navidad.
Días y noches de Navidad.
Sin magia, sin alegría.
Ciudades devoradas por muchas  bombas caídas,
por proyectiles lanzados sin nada de miramiento.
Calles con gente asustada, con niños con sufrimiento.
Con carros llenos de vidas
ya muertas o terminadas
ya para siempre vacías.
Casas caídas, devoradas por el fuego.
Familias rotas enteras.
Es Navidad y es la guerra.
Los villancicos no suenan.
El  ruido de los aviones
y el silbido de sus bombas,
junto al llanto de los niños
es lo único que se oye.

Es Navidad.
Es Navidad en Belén y es Navidad en Alepo.
Es Navidad y persiste todo ese sufrimiento.

Quería expresar mi agradecimiento a todos los que dedican un poco de su valioso tiempo a leer alguno de estos textos que escribo, y a la vez desearles unas Felices Fiestas. Mis mejores deseos para todos.
Pero también, especialmente en estos días, quería escribir algo que, al menos, me obligara a pensar un poco en la crueldad de las guerras y del sufrimiento, que por desgracia muchísimas personas de nuestro mundo sufren, por el solo hecho de haber nacido en un lugar concreto y en un momento determinado. Las comunes de las personas, que somos casí todos, debemos acordarnos de estas otras y de su sufrimiento siempre, y procurar que en lo poco que podamos ayudar ayudemos. Por lo menos comprender su situación, y no poner más zancadillas.

16 de diciembre de 2016