Nuestro moral

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Prado de San Andrés,
Árbol de las Moras.
Momentos de mi ayer,
recuerdos de mi historia.
Un verano los encontré,
y me refugié en su sombra.

El aire viento se hacía.
Las hojas me susurraban.
A veces se molestaban
de las cosas que pensaba,

y a veces, también,
de las cosas que sentía.

Mi cobijo y mi sosiego,
mis confidentes pasivos,
mis testigos de amorio,
y mis amigos ausentes.

Conocí al amor de la niñez,
al amor adolescente.

Algún libro allí leí.
Algunas cosas soñé,
algunas cosas viví,
y algunas las inventé.

Un día a tí, enseñé.
Un día me acompañaste.

Nos sentamos en sus ramas.
Nos dijimos pocas cosas,
aunque sí las necesarias.
Cosas que se guardaron
en un cachito de mi alma.

Desde entonces,
nuestro árbol, pasó a ser,
y nuestro prado también.
Nuestro instante favorito,
con el que tanto soñé.

30 de octubre de 2015

Otoño (Para los que se fueron)

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Empezó el otoño.  Empezó a llover.
Acabó el verano. Te dejé de ver.
Qué triste mi vida. Qué triste sin ti.
El pueblo, aburrido. El camino, frío.
El día, más corto. La noche,  más larga.

Qué corta la vida. Te fuiste enseguida.
Qué triste existencia desde que partiste.
Quisiera agarrarte y no separarnos.
Quisiera volar, cogerte y marcharnos.
Que tú aparecieras y me acompañaras.

Marcharnos lejos, muy lejos de aquí.
Donde ya la muerte no nos encontrara.
Y si un día apareciese y nos encontrase,
poder evitarla,  poder esquivarla.

La vida se vive. La vida se pasa.
La vida se gasta  en un santiamén.
Corriendo, corriendo desapareciste.
Corriendo, corriendo te reencontraré.

Pues la vida pasa,
se vive enseguida.
La vida se escapa.

Y la muerte… ¡ay!
La muerte  aparece,
tan rápidamente,
que asusta encontrarla.

6 de octubre de 2015